Agua importada y Agua nacional vs. “agua de la pila”

por | 21 agosto, 2017

Me di a la tarea de investigar un poco sobre Acqua Panna, el agua importada que más hemos visto en los restaurantes visitados. Aunque pudiéramos encontrar también otras marcas, que se encuentran a la venta en varios mercados.

Visualmente, Acqua Panna logra trasmitir la elegancia de su mensaje “un agua de la región de Panna, en Toscana, donde incluso los Médici pasaban sus vacaciones tomando agua de la fuente (…), agua de sutiles sabores con la capacidad de optimizar los bouquets de una elegante comida”. La botella de cristal nos habla de tomarnos un tiempo para degustar, nada de salir por la calle, para que nuestros sentidos se vean invadidos por un torrente de provocaciones. Y eso es Acqua Panna, el reflejo de un momento en que debes ser capaz de cerrar tus ojos para concentrarte en cada bocado, en cada sorbo de las delicias que tienes ante ti. Una oportunidad de ser elegante, ser sensible como los Médici… Resumiendo, un agua de lujo, para comidas de lujo.

Ciego Montero es ante todo un agua asequible, las propiedades de este producto van sugeridas primero hacia la necesidad de mantenerse hidratado. Sus envases hablan de un consumidor práctico, activo, que ha de mantenerse hidratado mientras trabaja, camina y hace sus actividades diarias… Resumiendo, Ciego Montero es ideal para los del patio –y para la gente activa en general, cubanos o no-, y viene en un envase tan práctico como nosotros, también reutilizable. ¿No son estos los envases que más llevan los niños a la escuela, además de los adultos que cargamos con nuestro pomito a todos lados?

Se trata, en resumen, de dos maneras de tomar agua. Una, terrenal –Ciego Montero– y otra, espiritual –Acqua Panna-. Y como mismo un cliente elige entre mar o tierra a la hora de hacer su orden, debe ser también capaz de elegir la forma en que toma agua. Preguntarse, por ejemplo: “¿quiero hidratarme o quiero degustar cual un Médici de esta agua que realzará los sabores de una fantástica comida?”.

Ya que en muchos restaurantes ven solo estos productos como agua y punto –con ligera diferencia entre los precios-, somos los clientes quienes debemos convertirnos en entes activos dentro del consumo. Pienso que ante todo, debemos preguntar y así no pagamos por un producto que no hayamos deseado; sobre todo si nuestro objetivo es solo el de mantenernos hidratados.

En varios lugares nos niegan el “agua de la pila” para obligarnos a comprar agua embotellada. Sin embargo, hay muchos otros sitios que ofertan ya agua en jarras como primera opción libre de costo. Quisiera hacer junto a los lectores una lista de estos “lugares en peligro de extinción”. Comenzaré mencionando al impertérrito Coppelia, del cual decimos siempre con injusta burla: “helado frío, agua caliente”. ¡Yo he tomado agua fría allí! Queda por parte del cliente beberla o comprar agua embotellada.

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Indira R Ruiz

Acerca de Indira R Ruiz

Licenciada por el Instituto Superior de Arte, Indira es editora del suplemento de crítica teatral de la Revista Tablas, así como colaboradora de la propia revista y de otros medios culturales. Ha obtenido varios premios de crítica literaria, así como de investigación y de narrativa. Sus hobbies son las manualidades en papel y la cocina: espacio que considera de libertad suprema. Disfruta aventurarse hacia nuevas experiencias culinarias; es una apasionada de la comida oriental. Encuentra especialmente seductora la sutileza que ofrece la cocina asiática, la cual conoce tras su viaje a Japón y sus varias visitas a la comunidad india de Dallas. En Estados Unidos trabajó en restaurantes de especialidad Tex-Mex y de comida tradicional mexicana. Colecciona recetas de cocina tradicional cubana en peligro de desaparición. Ejerce la crítica culinaria de manera empírica desde hace años, pasión que alterna con su afición por el teatro y el idioma japonés.

Indira R Ruiz
Licenciada por el Instituto Superior de Arte, Indira es editora del suplemento de crítica teatral de la Revista Tablas, así como colaboradora de la propia revista y de otros medios culturales. Ha obtenido varios premios de crítica literaria, así como de investigación y de narrativa. Sus hobbies son las manualidades en papel y la cocina: espacio que considera de libertad suprema. Disfruta aventurarse hacia nuevas experiencias culinarias; es una apasionada de la comida oriental. Encuentra especialmente seductora la sutileza que ofrece la cocina asiática, la cual conoce tras su viaje a Japón y sus varias visitas a la comunidad india de Dallas. En Estados Unidos trabajó en restaurantes de especialidad Tex-Mex y de comida tradicional mexicana. Colecciona recetas de cocina tradicional cubana en peligro de desaparición. Ejerce la crítica culinaria de manera empírica desde hace años, pasión que alterna con su afición por el teatro y el idioma japonés.