Burrito Habanero

por | 26 enero, 2017

En el corazón del Vedado, en 23 y G, se encuentra este sitio que ostenta una calidez familiar. El portal de este caserón ha sido convertido en una suerte de patio mexicano donde las mesas colocadas a la sombra de helechos, palmeras y cactus reciben la brisa de la noche o el benéfico fresco durante las tardes calurosas. La decoración es como el restaurante mismo: una fusión de estilos; las paredes abarrotadas de las fotos de los visitantes ilustres del Burrito Habanero comparten espacio con cuadros de arte popular que reflejan a los diferentes orishas. Junto a la caja, un mural exhibe los “premios y reconocimientos” del lugar, muy a caballo entre negocio privado y estatal.

Sorprende la dedicación de este restaurante a desandar los poco conocidos caminos de la comida latinoamericana, con propuestas extraídas de la cocina típica mexicana, así como de platos colombianos –Bandeja Paisa, Patacón Pisao– o uruguayos, lo cual habla de una intensa investigación del chef. Los platos, cuyos precios fluctúan entre los 10 y 200 CUP por persona aproximadamente, ofrecen dentro de este rango amplias posibilidades para la satisfacción del comensal dispuesto a intentar sabores diferentes. Aunque el servicio es aceptable la mayor parte de las veces, resulta lamentable que en ocasiones no estén disponibles la totalidad de las ofertas reflejadas en el menú: ora no hay Jugo Natural 5 CUP, ora no tienen sus excelentes Torrejas 10 CUP o la más trágica de todas ocurrida durante mi última visita: ¡no había Tortillas!, la materia prima con que se preparan la mitad de los platos. Como alternativa la mesera me ofreció unos Chilaquiles con lo que se habría duplicado mi cuenta final.

Sin embargo, en momentos donde todo confluye de manera positiva la experiencia en el Burrito resulta sumamente placentera. Se trata de un lugar ideal para almuerzos rápidos o encuentros con amigos, aprovechando la celeridad del servicio –el tiempo de espera es siempre de menos de quince minutos– y la locación cosmopolita a escasos minutos de múltiples cines y teatros.

Recomiendo especialmente mi favorito de siempre: el Taco de Vegetales Cocidos, Queso y Pasta de Frijoles, que viene en tres tamaños diferentes: dos unidades, servido con ensalada. Aunque también están en sus variantes de pollo, cerdo o taco pastor. Para paliar la ausencia de un ingrediente esencial de la comida mexicana como es el cilantro, a manera de cortesía estarán siempre las salsas picantes roja y Verde –tenga usted cuidado si no está acostumbrado al chile–, además de Guacamole con Cebollas o un delicioso Pico de Gallo, según sea la estación del año.

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Acerca de Indira R Ruiz

Licenciada por el Instituto Superior de Arte, Indira es editora del suplemento de crítica teatral de la Revista Tablas, así como colaboradora de la propia revista y de otros medios culturales. Ha obtenido varios premios de crítica literaria, así como de investigación y de narrativa. Sus hobbies son las manualidades en papel y la cocina: espacio que considera de libertad suprema. Disfruta aventurarse hacia nuevas experiencias culinarias; es una apasionada de la comida oriental. Encuentra especialmente seductora la sutileza que ofrece la cocina asiática, la cual conoce tras su viaje a Japón y sus varias visitas a la comunidad india de Dallas. En Estados Unidos trabajó en restaurantes de especialidad Tex-Mex y de comida tradicional mexicana. Colecciona recetas de cocina tradicional cubana en peligro de desaparición. Ejerce la crítica culinaria de manera empírica desde hace años, pasión que alterna con su afición por el teatro y el idioma japonés.