Cocina de mercado, pero a diario

por | 13 octubre, 2017

Hagamos un sencillo experimento. Echemos una mirada a nuestra alacena para constatar cuáles son los alimentos más comunes que tenemos a mano. Pensemos en cuál es nuestro menú planificado para hoy. Del refrigerador, veamos las proteínas, las verduras que tenemos almacenadas, si tenemos hortalizas, frutas… también qué tipo de especias usamos en casa. Ahora fijémonos en nuestro mercado más cercano, ese donde hacemos las compras una vez por semana, y repitamos la misma operación.

Con seguridad, habrá encontrado usted arroz —pilar de la alimentación en Cuba—, seguido por varios tipos de granos con los que usualmente prepara caldos o congrí. Podrá encontrar algún que otro paquete de espaguetis que una vez cada tanto cocinará para “hacer algo diferente”. Quizá unos perritos calientes para cuando está más apurado, además de huevos y pollo. ¿Ha encontrado usted pescado? De seguro guarda ajo, cebolla y ají para sazonar, porque lo demás puede faltar, pero no un elemento de esta tríada. Puré de tomate en conserva, claro; frecuentemente usted hace con él las salsas para las carnes.

En cuanto a las hortalizas, hay varias que rotarán por la mesa cubana, según la temporada del año. De manera que si en una casa hay papas, lo más probable es que en cualquier otra —escogida de manera aleatoria— también. Lo mismo sucederá con la malanga, el plátano, o la calabaza. Muchas veces un producto de temporada se traduce en la cuasi única oferta encontrada en el mercado local. Pensemos en que la esperada aparición anual de la lechuga y el tomate coincide con la desaparición de cualquier otra ensalada de nuestras mesas. Y como dice mi abuela: “en la cocina hay que hacer magia”, es decir, que allí nuestra inventiva debe potenciarse al máximo.

Restringidas ofertas en el mercado hacen que sea también escasa la variedad de nuestra comida. En cuanto a la planificación de la ingesta de alimentos de manera balanceada, no es posible muchas veces encontrar ciertos tipos de ensalada o fruta. Por esta razón, la conformación de una dieta balanceada muchas veces se salta las verduras o los alimentos que se consumen crudos. De manera que, a través de arroz, frijoles, proteína y alguna vianda frita hemos conformado nuestro menú a imagen y semejanza de lo que es ofertado y resulta asequible en los mercados.  ¿Pero resulta esto suficiente?

A veces siento que quisiera rescatar algo de la cocina tradicional cubana y me sumerjo en la lectura de Cocina al minuto —una suerte de libro de cabecera que en mi familia ha transitado ya por varias generaciones. Sin embargo, las recetas que puedo lograr hacer en casa llevan tantas modificaciones respecto a sus ingredientes originales que sinceramente me pregunto si es así como la gran Nitza Villapol lo tenía en mente.

Lo cierto es que nuestra cocina diaria está atada a un mercado muchas veces restringido, el cual pauta y limita. En apariencia. El verdadero reto está no solo en reinventarse cada vez para diversificar el resultado a partir de los mismos productos. Muchos de mis conocidos saben de espacios semiocultos en la ciudad como pescaderías casi siempre surtidas y organopónicos donde conseguir productos cosechados en el día. Y su cocina, la que practican a diario en casa, tiene variedad y un serio compromiso con la alimentación sana.

Terminemos con otro experimento. Busquemos dónde están estos lugares más cerca de nuestra casa. Si somos capaces de dedicar más de una hora diaria a nuestra higiene, pudiéramos también, por nuestra salud, elegir una mañana de la semana para encontrar esos lugares. Gracias a los mismos, nuestra alimentación pudiera ser óptima, con solo incrementar la variedad en nuestros platos. Aventúrese con productos novedosos y de nombres sonoros. La rúcula, la acelga y el brócoli pueden ser un interesante descubrimiento. El jengibre utilizado como sazón, un seductor sabor para su mesa. Además de la salsa de soya, otras salsas orientales podrán proveer sabores alternativos a sus comidas. Se trata de un mínimo esfuerzo que pudiera marcar la diferencia en su vida, renovando tanto su alimentación, como su salud.

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Acerca de Indira R Ruiz

Licenciada por el Instituto Superior de Arte, Indira es editora del suplemento de crítica teatral de la Revista Tablas, así como colaboradora de la propia revista y de otros medios culturales. Ha obtenido varios premios de crítica literaria, así como de investigación y de narrativa. Sus hobbies son las manualidades en papel y la cocina: espacio que considera de libertad suprema. Disfruta aventurarse hacia nuevas experiencias culinarias; es una apasionada de la comida oriental. Encuentra especialmente seductora la sutileza que ofrece la cocina asiática, la cual conoce tras su viaje a Japón y sus varias visitas a la comunidad india de Dallas. En Estados Unidos trabajó en restaurantes de especialidad Tex-Mex y de comida tradicional mexicana. Colecciona recetas de cocina tradicional cubana en peligro de desaparición. Ejerce la crítica culinaria de manera empírica desde hace años, pasión que alterna con su afición por el teatro y el idioma japonés.