Comida casera en el trabajo

por | 15 octubre, 2017

Son varias las preocupaciones que nos competen en la modernidad. La celeridad del mundo de hoy apenas si nos ofrece momentos de respiro y reflexión en torno a nuestros estilos de vida. En un artículo anterior, comentaba sobre la realidad a la que se ven arrastrados los trabajadores cubanos respecto al hecho de no contar con comedores en sus centros de trabajo. Por una parte, algunos pasan el día entero sin comer nada; por otra, tienen en ocasiones opciones de comida casera con servicio rápido en fondas ubicadas cerca de sus oficinas. No obstante, la superioridad nutritiva de esta segunda opción conlleva al hecho de gastar mucho dinero en almuerzo si se la convierte en la única manera de llegar al fin del día.

Una tercera opción es la saludable y altamente económica práctica de llevar el almuerzo al trabajo. Una costumbre cada vez más enraizada —especialmente entre empleados de oficinas y de otros sectores—. No somos los únicos. Navegando la web encontramos que esta es una costumbre que ya va siendo más extendida en muchos países, donde la misma situación de rechazo al consumo de comidas rápidas, a la vez de la necesidad de hacer economía, ha llevado a muchas personas a adoptar esta alternativa.

Los japoneses llevan ventaja en eso de comida para llevar. Existen referencias de alrededor del siglo XII sobre las diferentes maneras que tenían los viajantes para llevar el arroz cocinado. Ya más tarde, en el siglo XV, comenzaron a verse cajas lacadas donde se llevaban los platillos que habían de degustarse en los hanami (花見) o ceremonia de ver los cerezos florecidos. Dichas cajas o bento (弁当) eran fabricadas en madera, con divisiones internas que permitieran separar los alimentos secos de los húmedos; y así conservar la textura y el sabor de cada uno de manera independiente. Ya en el período Meiji, correspondiente a la industrialización y modernización japonesa, una suerte de comida rápida tradicional podía ser comprada por estudiantes y trabajadores que —como muchos de nosotros hoy día— no tenían almuerzo en sus escuelas u oficinas. Así el bento evolucionó y hoy pueden ser adquiridos recipientes plásticos ideales para llevar la comida desde casa.

Desandando las tiendas, en los departamentos de utensilios domésticos he visto varios de estos recipientes. Resultan ideales porque ante todo conservan el calor. Son cuadrados o rectangulares, puesto que los redondos son más difíciles de llevar ya que ocupan más espacio dentro de las carteras o loncheras —lunch box—. Tienen cierres herméticos que evitan que la comida se derrame, sobre todo si estamos hablando de alimentos muy húmedos o líquidos. Incluso, algunos traen compartimentos para los cubiertos y tienen divisiones internas que resultan muy útiles en el momento de envasar.

Además de seguir varios consejos a la hora de empacar nuestra comida, para una mejor experiencia podemos echar mano de varios elementos que tengamos cerca. Como los moldes de papel rizado —tapacillos— que se utilizan para hornear panqués; estos pueden ser utilizados como separadores de comida —echar ahí la carne para evitar que sus jugos se mezclen con el arroz—; también debemos evitar que los alimentos queden sueltos dentro del pozuelo para que no se mezclen entre ellos. De igual manera, sería ideal aislar la ensalada del resto de los alimentos para mantener su frescura.

Aunque la presencia de los frijoles en forma de caldo es muy fuerte en nuestra dieta, para preparar nuestro bento será óptimo evitarlos, al igual que las sopas. En su lugar podemos optar por congrí o diferentes arroces con sabor. Ante todo, es importante recordar que un almuerzo en nuestra isla no debe ser muy abundante o pesado, especialmente durante las horas más calientes del día, sino con más tendencia a la ligereza de una dieta mediterránea. También aconsejo observar las reglas de higiene para preservar la inocuidad de los alimentos; por ejemplo, tener en cuenta el tiempo que pueden estar a temperatura ambiente sin volverse dañinos para la salud.

Nuestro bento cubano será también la posibilidad que tengamos para planificar y observar un poco nuestra nutrición; el espacio donde serán más evidentes las proporciones de los alimentos a consumir. Así podremos visualizar, poner más énfasis en los colores para “enamorarnos” de la comida, a la vez que observar el balance entre los diferentes nutrientes elegidos. Contaremos con una de las opciones más económicas y saludables con las que satisfacernos, que tendrá tanta variedad como queramos y será un verdadero almuerzo ideal para cada uno de nosotros.

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Acerca de Indira R Ruiz

Licenciada por el Instituto Superior de Arte, Indira es editora del suplemento de crítica teatral de la Revista Tablas, así como colaboradora de la propia revista y de otros medios culturales. Ha obtenido varios premios de crítica literaria, así como de investigación y de narrativa. Sus hobbies son las manualidades en papel y la cocina: espacio que considera de libertad suprema. Disfruta aventurarse hacia nuevas experiencias culinarias; es una apasionada de la comida oriental. Encuentra especialmente seductora la sutileza que ofrece la cocina asiática, la cual conoce tras su viaje a Japón y sus varias visitas a la comunidad india de Dallas. En Estados Unidos trabajó en restaurantes de especialidad Tex-Mex y de comida tradicional mexicana. Colecciona recetas de cocina tradicional cubana en peligro de desaparición. Ejerce la crítica culinaria de manera empírica desde hace años, pasión que alterna con su afición por el teatro y el idioma japonés.