Los colores en la mesa

por | 26 enero, 2021

No solo por una cuestión estética debemos procurar la armonía cromática en nuestras comidas; aun siendo muy sencillas, a tono con los tiempos, resulta útil y pertinente una combinación equilibrada en los colores de los platos que servimos, ajenos a la reiteración y el recargamiento, lo cual redunda de seguro en una más sana digestión y un placer mayor al degustarlos.

Sin olvidar que las gamas de grupos alimenticios específicos aportan al organismos beneficios considerables, no solo por las propiedades inherentes a los productos que los integran, sino por las señales que aquellas envían al organismo generando reacciones positivas y provechosas.

Las verduras, cuyo nombre anuncia el color que las agrupa, emiten signos de frescura, salud y buen ambiente; son vegetales ricos en luteína, fuerte antioxidante con altos contenidos de ácido fólico, magnesio, fibra y potasio: acelga, espárragos verdes, alcachofas, aguacate y espinacas (estos dos últimos ricos en zeaxantina), ayudan al funcionamiento del hígado, a una mejor digestión y a prevenir estreñimiento y enfermedades cardiovasculares. Pero también, al decir de la nutricionista María Elena Marqués (desde la sección especializada en este tema del Periódico La Vanguardia) se trata también de “xantofilas pertenecientes a los caretonoides, que ejercen un efecto protector frente a enfermedades de los ojos, como las cataratas”.

Los colores amarillos y naranjas se asocian con la alegría, la vitalidad, la luz solar y el buen humor, además de fijar la concentración. Pertenecen a este grupo los cítricos maduros, que a pesar de su acidez aportan más dulzor que agror al cuerpo, según la citada experta. Aquí entrarían frutos y viandas como el mango, la zanahoria y la calabaza, ricos en vitaminas A y C, las cuales resultan imprescindibles para la síntesis del colágeno que proporcionan carnes, huevos y lácteos, además de ayudar a la absorción del hierro conferido por ciertos mariscos , legumbres y cereales integrales.

Los rojos evocan, incluso fuera de la mesa, fuerza, exotismo y erotismo: tomate maduro, pimiento rojo, rábanos (sin pelar) y fresas, entre otros, por su riqueza en fitoquímicos, vitamina C y licopeno (tipo de carotenoide) ayudan a cuidar nuestro corazón (pese a sugerir, paradójicamente, pasiones), la memoria y a evitar varios tipos de neoplasias.

Las gamas blancas que definen al ajo, la col y la cebolla de este color, adicionan al organismo fotoquímicos (alcinas, antoxantinas e inulina), favorables a la presión baja y útiles para combatir infecciones intestinales.

De modo que a la hora de emprender una dieta balanceada y que ayude a nuestro cuerpo a asimilar esas y otras virtudes, tengamos en cuenta los colores, que además, distribuidos en nuestros entrantes, guarniciones y platos principales, y equilibrados con un sentido mínimamente artístico, puedan,  sin que pretendamos lograr cuadros para exponer, aportar desde la vista jornadas alimenticias agradables, que complementen desde ese sentido tan importante en el comer (al igual que otro que no lo es menos, el olfato) al protagonista de esa imprescindible práctica en nuestra vida: el gusto.

COMBINACIONES SUGERIDAS DESDE LA MESA PERSONAL DEL AUTOR.

Aperitivo:

Jugo de frutabomba con cereal integral (adquirible mediante el grupo de alimentos orgánicos Las Freska-s.)

Table no. 1:

Pasta al pesto (como se sabe, confeccionado con albahaca, ajo y aceite de oliva, básicamente)

Ensalada de tomates maduros y rábanos aliñada con limón y una cucharadita de azúcar blanca.

Copa de vino tinto.

Table no. 2:

Arroz con Puré San Germán (Potaje de chícharo batido con caldo de verduras y carne de cerdo o pollo) y tamal.

Frituras de malanga en  salsa agridulce (a base de miel, limón y ralladura de jengibre)

Ensalada de verduras (lechuga y acelga).

Buen provecho!

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Acerca de Frank Padrón

Licenciado en Filología en la Universidad de La Habana, especializado en Literatura Cubana. Ha realizado posgrados acerca de la cultura nacional y universal. Escritor, crítico de artes y comunicador audiovisual; cuenta con más de quince libros publicados, algunos de los cuales han recibido reconocimientos (inter)nacionales, en los géneros de ensayo, narrativa y poesía, entre ellos Co-cine. El discurso culinario en la pantalla grande (2011), con el cual obtuvo premio a nivel de categoría (food literatura) y resultó finalista en la etapa final, dentro del prestigioso concurso Gourmand World Cookbooks Award, con sede en Madrid, España; ha curado varios ciclos sobre cine y gastronomía que se han presentado en salas de la capital e investiga desde hace varios años acerca de las relaciones entre la cocina y otras artes, lo cual vuelca en su columna en la revista Excelencias Gourmet.