Los pregones cubanos del siglo XXI: unión indisoluble de nuestra cultura y la gastronomía popular

por | 27 diciembre, 2017

Esperaba un “taxi rutero” en la Ceguera cuando escuché hace unos días: “conoce a Chicha conoce a Rita, prueba tu chicharrita”. Todos los “compañeros de cola” nos miramos e hicimos lo mismo que usted probablemente en este momento, soltamos una carcajada por el ingenioso pregón –al menos yo no lo había escuchado antes–. El pregonero obviamente sabía de la elocuencia y originalidad de su pregón y con picardía lo repetía a toda voz, disfrutando al ver reír a sus clientes potenciales. Muchos de los que no nos apasiona la chicharrita, compramos una y hasta la disfrutamos más que de costumbre, y es que precisamente de eso se trata una experiencia culinaria. La buena energía de ese pregón fue lo que me llevó a escribir este artículo porque es justo que se hable del tema.

http://cocodriloazul.bloguea.cu/2011/06/11/pregon-y-pregoneros-larga-data/

“El pan de flauta, panaderoooooo”, “yogur, yogur, yogur”, “ajooooo, el buen ajo pelado” y así la lista es incontable de “pregones culinarios” que desde el cuarto de mi casa escucho desde tempranas horas de la mañana. Incluso algunos los han automatizado grabándolos, como en el caso de la “paletica de helado” anunciada por las calles de mi barrio.

No puedo dejar de citar a mi abuelo, de 86 años, uno de mis paradigmas y del que he aprendido tanto. Él ha sido “músico, poeta y loco”, apasionado por todo lo que ha hecho, desde catar vinos hasta vender maní tras su jubilación. En su etapa de vendedor él no necesitaba pregones porque con su carisma, su buena imagen y un buen producto eran suficientes, pero usaba los pregones cantados. Siempre me ha dicho que “un vendedor ambulante debe andar limpio, eso es en lo primero que se fija la gente”. Otro tip suyo es que “no hay que querer hacerse millonario, la cuestión es ganar poco y vender bastante y si a alguien no le alcanza el dinero para comprarte pues dáselo así o regálaselo porque ese te comprará siempre después, además ante todo debemos ser humanos y ayudar”.

Jorge Méndez en su diccionario gastronómico –ganador de un premio Gourmand– define al pregón como una “promoción verbal, generalmente cargada de rimas y no ausente de sentido pintoresco y entonación melódica, con que los comerciantes ambulantes –o pregoneros – anuncian a su paso la venta de las más diversas mercancías para consumo doméstico, así como la presentación de algunos servicios a domicilio”. Además, señala que “forma parte del escenario costumbrista cubano desde los mismísimos tiempos de la colonización española”.

Sin embargo, Méndez también apunta que estuvieron “sentenciados al silencio durante el gobierno del Capitán General don Miguel Tacón cuyo período de mandato se extendiera desde 1834 a 1836 quien catalogaba a los pregones como ruidos molestos”. Afortunadamente la mente humana ha evolucionado en esta como en tantas otras áreas, en la que hemos transitado por juicios prejuiciosos. No obstante, defiendo buen gusto, decencia, creatividad, ajustarse a los horarios y contextos y a la esencia del pregón, que se debe cantar o hablar no gritar sin melodía, sin rima o al menos ingeniosidad.

http://adligmary.blogspot.com/2013/03/pregones-de-mexico-y-cuba.html

Invito a que nos inspiremos en los compositores cubanos que han estudiado los pregones y los han convertido en tema central de algunas de sus obras. “El manisero”, de Eliseo Grenet, es precisamente una de las composiciones cubanas más populares que incluye el pregonar, con alcance internacional. Seguir la huella de personajes del folclor popular como Juan Mayor “el sinsonte de Guanabacoa”, ganador de un concurso de pregones en 1944, es garantía de que el pregonar cubano siga tan melodioso y lleno de gracia, como parte indisoluble de nuestra cultura popular.

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Acerca de Ania Despaigne

Es Ingeniera Industrial, graduada del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría. Su carrera ha desarrollado sus conocimientos en los siguientes perfiles: logística y gestión de la producción, dirección, calidad, matemática aplicada, informática empresarial y gestión de los recursos humanos. Es miembro del Proyecto Comunitario Espiral, donde sus principales motivaciones son ayudar a la sociedad y poner en práctica el desarrollo sustentable. Ania se ha especializado como crítica culinaria desde hace tiempo y una de sus pasiones es escribir.