Los sucedáneos en la gastronomía cubana

por | 30 abril, 2018

La propia naturaleza de las necesidades económicas del país ha traído a la cocina y la gastronomía cubanas una especie de diversidad en las iniciativas para cumplir el cada día y tener para los comensales platos apetitosos, aun cuando los ingredientes no sean los que acreditan las recetas tradicionales.

En medio de lo que se llamó Período Especial discutí con alguien se burlaba de un picadillo hecho con cáscaras de plátanos hervidos, pues en una época de mayores recursos, había oído hablar de ese picadillo a religiosos adventistas del séptimo día cuya religión no les permite comer carne rojas y en unas mesas dominicales propias de sus congregaciones (las dorcas) exhibieron ese plato repleto de cebollas y aceitunas. Era un sucedáneo, producto no de la limitación sino, un recurso de la fe.

Pero no es menos cierto que la fabricación de paleticas de helado con almidón de yuca para aglutinar, los aderezos de ensalada con cualquier o sin ningún aceite, son tan comunes como el pollo por pescado o el flan con un solo huevo.

Por eso de qué me extrañé cuando oí a un vendedor de dulces ambulantes pregonar trufas, y cuando fui a ver qué vendía me encontré con una esfera de chocolate (chocolatín) amasado con cierta gracia para figurar como esos bombones de chocolate, almendra y crema, que también son sucedáneos de las verdaderas trufas, valiosísimas, difíciles de conseguir e inimaginables en los trópicos.

fabadaEl ingenio hace crecer a los hombres. El conocimiento de productos, platos y figuras de la cocina internacional se están mezclando hoy en día con nuestra cultura culinaria de una manera vertiginosa. Además de aquel ingenuo vendedor, hay cafeterías y dulcerías donde también se ofertan trufas, valen un poco más que cualquier otro dulce, con lo que se acredita, su significación como delicatessen, producto exótico, difícil de lograr, en fin…

Los editores y los lectores le piden a los escritores de novelas de suspense, novelas negras, policíacas o de misterio, que no engañen a los receptores, que no les den en las tramas, en las peripecias de los personajes, algo que se conoce también como sucedáneo en las expresiones populares, que no les den “gato por liebre”; habría que hacer ese llamado también a los fabricantes de golosinas, la cultura de la cocina, también la cultura del hacer.

Gertrudis Carrero