Tras los fogones: No es más de lo mismo, es lo mismo y más

por | 29 octubre, 2019

¡Mucha alegría me dio que declararan la cocina cubana patrimonio cultural de la nación! Ya era hora que se reconociera como una forma más de nuestra identidad cultural por lo que ella representa en nuestra formación como nación. No tan solo por la culinaria, sino también por la antropología y lo sociológico.

Releyendo el ensayo que escribió Olga García Yero, como prólogo al facsímil del libro Manual del cocinero cubano, 1856; editado por Eugenio de Coloma y Garcés, publicado en el 2017 por la Editorial Oriente con el nombre de “Cultura Cubana y arte culinario: estudio preliminar” documento muy abarcador y profundo en el tema, manifiesta entre otras cosas: “Se trata de conformar el difícil tejido de la identidad y la nacionalidad cubana. La Isla daba sus primeros pasos hacia una modernidad, como primer y mayor obstáculo, el entramado colonial… a pesar de las contradicciones nacía un pensamiento plural sobre la cultura… que sería nuestra primera experiencia cabal de cubanía”. Puede decirse entonces que ese manual de cocina cubana también —como otras tantas obras es un texto institutor de nuestra nacionalidad.

Es necesario detenerse en este punto. En el mundo académico cubano se ha prestado muy poco interés en el tema de la pertenencia de la cocina nacional a la cultura. Apenas se menciona el ensayo “Sabores como signos”, de Luis Álvarez. De alguna manera sigue siendo en Cuba una especie de aventura con alto riesgo y mala propaganda. No ha importado mucho que Alejo Carpentier advierta sobre la importancia de conocer los contextos culinarios, ni tampoco se ha comprendido la significación de las espléndidas referencias de José Lezama Lima, Nicolás Guillén y José Soler Puig al acervo cultural cubano. Tampoco la presencia constante de la tradición culinaria de la isla. “La cocina es también un rasgo sociocultural distintivo de los pueblos, y ella también aporta su matiz propio, su perfume y su color, al entorno general de la nación. En realidad el desinterés que ha existido en el mundo académico cubano por la tradición cultural culinaria es bien sorprendente…” Hasta aquí las palabras de Olga García Yero que, por su importancia excepcional, citamos en extenso.

Algunos pensarán que es más de lo mismo, y sobre todo los que hemos penado por ella. En meses pasados después de haber conocido gracias a José Lamas, Pepe, como le decíamos, que existía un premio internacional llamado Gourmand con categorías para libros de cocina y que Cuba tenía un gran premio, 14 premios Best in The World y 22 Winners, lo que se desconocía por parte de  autoridades culturales y editoriales cubanas. Quise que todos esos autores galardonados fueran reconocidos por la Asociación de Escritores de la UNEAC, el Instituto Cubano del Libro y el Ministerio de Cultura. Después de las gestiones  pertinentes se acordó homenajearlos. Y vimos con tristeza, que salvo la Asociación de Escritores, en la persona de su presidente Alex Pausides y su equipo, nadie dió calor al asunto, lo que resulta lógico en un medio donde el libro de cocina  no es valorado, pese a sus ventas. Para que un libro cubano de cocina sea premiado a nivel mundial tiene que ser muy bueno, toda vez que nuestros libros salen al mercado con una presentación que no puede competir con libros extranjeros (portadas, fotos, calidad del papel, etc…)

Recuerdo que cuando publiqué mi libro Recetas de la abuela, ya con más de veinte mil ejemplares vendidos en sus dos ediciones cubanas y contratado para su publicación en el exterior, acudí humildemente a obsequiarle un ejemplar al presidente de la Federación Culinaria, y cuando me presenté comentó con evidente desprecio: “Ah sí, tú eres esa que escribe las recetas de tu abuelita”. ¡Qué satisfecha me siento hoy! La abuelita y sus recetas fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación, y ahora luchan porque la abuelita y sus saberes sean declarados Patrimonio Intangible de la Humanidad.  Y escribo «saberes» con toda intención. Me pregunto ¿Qué cocina fue la que se declaró Patrimonio Cultural de la Nación?  ¿Esa que se transmite oralmente de madres a hijas en un ciclo que no cesa y se renueva? ¿La que se transmite de generación en generación?

Continuará…  Publicamos esta primera parte de una serie de 5 artículos reflexivos de la autora y colaboradora Silvia Mayra Gómez Fariñas.