Tras los fogones: “No tan solo ver las manchas de la luna, también ver el esplendor del sol”

por | 30 noviembre, 2019

Hay luces y sombras en nuestra cocina, no todo es malo, también te encuentras cosas y te preguntas cómo lo logran.

En un aniversario de la empresa Lauros, en lo que fue el antiguo Hotel Memories Miramar, nos sirvieron un ajiaco máximo, con una calidad y sabor muy parecidos a ese ajiaco casero. ¡Increíble!

En otra oportunidad, respondiendo también a una invitación de Lauros, asistimos a una cena que tendría lugar en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. La cena resultó muy agradable y tan bien hecha, que pedí por favor le preguntaran al chef si podría pasar por nuestra mesa para felicitarle. Tardó un poco en aparecer, y cuando llegó era un joven tímido que me dijo “yo no soy chef”, a lo que respondí lo mismo que le había dicho tiempo atrás a otro joven que cocinaba en O’Reilly 304, “ni falta te hace, tienes la cocina en la mano”.

Otro lugar donde cocinan de maravilla -sí, platos cubanos- es en el rancho Alcona. Los olores que emanaban de la cocina de carbón eran parecidos a esos que salían en los muñequitos que veía cuando era niña, y si los sigues caes como el ratoncito Pérez, que cayó en la olla por la golosina de la cebolla. Llegué hasta la cocina y cuando pregunté por el chef un amable señor me dijo: “yo lo que soy un guajiro que cocino”.

Nos habían hablado bien de El Cochinito; al principio desconfiamos, pero como el hambre era mucha decidimos aventurarnos. Ordené unas masas de cerdo y unas costillas, y una vez más decepción: la carne la cocinan y antes de servirla la pasan por manteca, sin tener en cuenta que cuando tiene mucho tiempo de cocinada adquiere un pésimo sabor a rancio; y ni hablar de la salsa de cebolla que allí estaba, infaltable.

Cuando les comenté lo sucedido en El Cochinito a los compañeros de Restaurante de La Habana, me recomendaron que fuera al restaurante Club 21 o a El  Caribeño. En una de nuestras andadas antes de entrar a la televisión decidimos visitar el primero de ellos, y en verdad era placentero el lugar, buena cocina, buena atención, buen ambiente y los precios aceptables. Como la primera recomendación nos había complacido decidimos llegarnos a El Caribeño, cuya especialidad es “el sancocho”. Considero que deberían darle más protagonismo a nuestra comida cubana, ya que nuestro plato es el ajiaco y el sancocho es más latino-americano, pero bueno… En definitiva resultó que ese día ni siquiera había sancocho, por lo que pedí arroz con pollo y arroz frito. Todo parece indicar que allí se prepara un arroz y que de acuerdo a lo que pida el cliente, si es arroz con pollo, le adicionan el pollo, y si es arroz frito le añaden unos camarones y un poco de salsa de soya; pero al final es el mismo arroz…

¿Dónde está nuestra cocina?

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Acerca de Silvia Mayra Gómez Fariñas

Ingeniera Agrónoma; máster en Propiedad Intelectual. Es posiblemente la autora cubana más vendida en las ferias del libro de los últimos años. Sus títulos se agotan en un abrir y cerrar de ojos. Entre sus quince títulos publicados se cuentan Los pollos de mi cazuela, A comer con gusto, Sabores de mi país, Dulces caseros, Recetas con carne de cerdo y Las comidas de Lezama Lima. Próximamente aparecerán Delicias del mar y Otras recetas de la abuela.